Me he visto entre sueños, luchando con la osadía de mis propios fantasmas.
He visto los sueños de otros, con sus manos entre el fuego, quemadas sujetadas al rojo metal.
He sido vista en los sueños de otros, con las vísceras en el pico de un ave de rapiña.
Sin embargo, han sido la representación antagónica de mi pasado.
La conciencia de un estado venidero poco audaz, es la certeza de este presente.
La evidencia de pasos con piernas rotas, y suelo movedizo se hace constante.
El imaginario de una vida corta, con los sentidos alterados, hacen del pasado un trago amargo.
Un trago que suele beberse con placer, ante la impotencia de no volver a ser la media parte de tu antiguo.


