Otra noche, otra de esas sin brújula, sumergida en el ambiente del alcohol, el cigarrillo y la música. Sentada frente a ti, observando tu sonrisa amplia y el cabello rizado que llega a mediados del torso y esa contextura robusta.
Un discusión bastante insulsa sobre la cotidianidad... Un sorbo viene, un sorbo va, sonidos estruendosos de nuestras risas intentando amenizar el momento... ¡Hey! ¿que pasa?, otro individuo que se niega a verme de frente para discutir, algo pasa conmigo o con los demás. Una obsesión ¿será?.
La mesa en la que estamos solos tu y yo, empieza a ser ocupada por mas individuos en busca de la alegría nocturna... Que casualidad, aparece otro sujeto, un poco más delgado de menor estatura, también de cabellos rizados aunque mas prominentes y cortos. Este hombre si que está avergonzado, apenas si me saluda con una sonrisa evasiva; quizás recuerda los eventos ocurridos un tiempo atrás entre los dos. Sin embargo el alcohol va liberándolo de aquello que lo aleja de mi. Cada vez y con mayor constancia se acerca sugiriéndome propuestas atrevidas.
Me causa demasiada gracia, ver la transformación que le hace el alcohol, y me gusta ver como se deshace de los prejuicios para acercarse con suma coquetería, sin importarle la presencia de este hombre, que al parecer no le molesta en lo más mínimo, debe ser que no sospecha de la intencionalidad de su amigo.
Es tan constante, que me hace estimar abandonar el hombre robusto, para continuar son sus juegos. ¡Oh mierda! ¿como hago? soy tan mala para mentir, a la primera palabra que indique una falsedad soy descubierta. ¡Rayos! me ha convencido y ya no se que hacer. Hago entonces mi mejor actuación, arriesgándome a que aquel hombre que le habla al espacio sea tan observador y perspicaz para notar la situación. Ya no hay reversa, tomé los riesgos y enfrentaré las consecuencias y vaya consecuencia.
Una noche de sucesos impredecibles, ¡já! vaya que noche.






