Cuanta soledad hay hoy conmigo,
demasiado tiempo para inventar escenas,
para preguntarse asi mismo,
para descubrir los agujeros.
Demasiada honestidad en esta cama,
y muy mojada la almohada,
una soledad que busca deshidratarme el cuerpo y la vida,
que pretende hundirme en las miserias.
Cuanta desesperanza en un momento,
para soñar que los sueños se pierden,
estar inconexo,
sin la menor intención de hallarse.
Cuanta soledad en medio de ti,
entre los sombríos y malvenidos pensamientos de la noche,
esos que asesinan cada gota de aliento,
cuanto aliento soplado con desespero.
Los dientes rechinando y los ojos hundidos en un punto equidistante,
con las facciones tensas y desequilibradas,
cuanta desolación el día a día.
Bien podría culparte,
pero la culpa es traicionera,
es mi capricho por tu recuerdo,
es mi imaginación en cada perversa historia.
Cuan solitario este dolor,
un dolor que compartido perdería sentido,
y una ilusa que se alegra del dolor,
Y allí en el dolor la soledad.
Cuanta histeria y amargura,
cuanta soledad en las memorias sobre ti,
una memoria rota, cansada y pisoteada,
cansada con unos ojos que no conciben ver ni dormir,
unos ojos subreales y con diplopía.
Cuanta soledad y ausencia,
cuanta soledad aún con tu presencia,
tu presencia, la enajenada y promiscua,
la prostituta de sentires.
La cruel y pusilánime soledad de tu presencia,
cuanta ira en la madrugada,
sin el sol sobre la cabeza,
cuantas madrugadas con las percepciones difusas,
y esta la madrugada del olvido.
Tu imagen sobre una nube, efímera como lo seras tu,
cuanta soledad para escuchar tus voces,
y de esas voces ninguna quiso pronunciar tu nombre.
jueves, 11 de junio de 2015
martes, 2 de junio de 2015
UN, DOS Y TRES PASOS
Camina, un, dos y tres pasos. Ahora abre los ojos, usa los lentes... ¿verdad que un paso más y te esperaría otra suerte? Acaricia tu cuello, ¡que sano y blanco! Respira hondo, con calma, observa el firmamento, esas son muchas nubes sobre tu cuerpo. Me pregunto si ¿alguna osara arroparte cuando hayas muerto? Mira al horizonte, las montañas nos hacen ruedo. Imagínate un atardecer rojo y enojado ¿piensa en ese color? Está bien, ese te asusta. Ve por el borde, no te afanes que hay un paso de diferencia. Tu destino no es tan miserable para ser arrojado por un abismo. Puedes presumir mucho de bondad aunque hayas sido un buitre consigo mismo. No será el viento el que te lance 100 metros, tu corporeidad está demasiado aprehensiva a la tierra. Es como un árbol al borde de un precipicio con las raíces a dos metros. ¿Tienes prisa? pero ¿cómo? Si tu aspecto es como el de un gato dormido, sutil y tranquilo. No desencajes el rostro, que sería como observar un mimo con el maquillaje hecho añicos. ¿Por qué generas la sensación de hastío? Fuiste un somero de orgullo y en este punto del sol, aun cuando has visto como gira sobre ti sólo quieres la noche. Demasiado cruel tanta luz. Sigue caminando pero acercarte medio paso a la orilla. ¿Acaso es una lágrima eso que brota? ¡Vaya! Que decepción, creyendo de ti la soberbia y hoy tienes las mejillas húmedas. Valiente escena, patética y nefasta. Bien ¡devuélvete!, sal a correr si quieres, puedes cortarte la yugular o saltar, pero la noche no será tu escondite.
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