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sábado, 17 de febrero de 2018

SIN GÉNERO



Busqué innumerables palabras para hacer la madrugada conmigo adentro  de la casa, tranquilo e insensible; sin embargo, afuera la lluvia parecía desesperada. Una y otra vez eché mano de versos ajenos; algunos rotos, frágiles, aburridos o letales, todos parecían un visceral intento para permanecer en este légamo al que le llamamos vida, pero yo buscaba uno que no tuviese género. Un verso mujer  por hombres, y versos hombres de la escritura de una mujer. Me encontré con que la poesía es como un polígrafo literario, un río de verdades vomitadas a siniestra y no supe definir si me sentía decepcionada o abrumado. Odié los hombres por no dignarse a desnudarse cómo lo hacen las mujeres, a no escribir en femenino,  a no despojarse de ademanes intelectuales y sucumbir apenas a la nostalgia, para dejar muy adentro de sí mismos envueltos como misterios sus patéticos devenires. Odié las mujeres por quitarse la piel como serpientes, hundirse en ríos de llantos emocionales, enterrarse las uñas y abrirse las heridas para salpicar sus horrores. Odié la poesía por hacer evidente quién soy, un diluido fantasma de la realidad, un prisionero del tiempo que no ha distinguido su momento, odié género y palabras escritas por ellas o ellos, para ellos o ellas.