Unas gotas de agua refrescantes sobre una piel demasiado expuesta al sol, se ha dicho que nunca antes había deseado tanto un baño de agua fría, la fuerza de las moléculas caen con basta cohesión sobre su tejido bastante maltratado. Después un poco de crema, una prenda ligera para evitar el roce y la sensación de dolor. Son las 7:00 de la noche y se encuentra bajo la sombra de un cielo bien iluminado o por lo menos muy distinto al de la metrópolis de donde se ha escapado. Ha tomado su pluma y una libreta de escritos que lleva consigo y se dispone a dejarse atrapar por las palabras.
La luz sobre el papel es escasa y la pluma busca su propio camino, llevando de guía el sentimiento y la borrosa visión que queda de la oscuridad. Una canción parece ser el propulsor de las ideas. Dos páginas llenas y ha querido volver. Vuelve con palabras demasiado revueltas, confusas y algo premonitorias para plasmar un párrafo bastante denso.
Se tumba sobre el sleeping que hay dentro de la carpa, cierra los ojos, escucha un par de canciones, intenta dormir un poco, pero la piel está lastimada y exige otra dosis de esos refrescantes cristales de sábila que le impregnó la mujer amable. Media hora y ha querido volver a escuchar la algarabía de la noche, que ofrece ese maravilloso lugar. Le pide a sus compañeros de aventuras, salir del letargo y la somnolencia para caminar entre los pequeños tramos de oscuridad. Un último trozo de pan con atún se han llevado a la boca y empieza la aventura.
Llega con sus compañeros mosqueteros a la plaza, con una caja cuyo contenido embriagante es el motor de búsqueda de las experiencias nocturnas. Un par de imágenes para llevar de recuerdo en el álbum de las fantasías perdidas. 6 pies se dirigen a un bar para beber espumeantes cervezas. Luego sale en búsqueda de la combustión, del fuego, siempre se ha dicho que es fuego lo que le mueve las entrañas ¿y el carburador?... ¡Já! vaya que material tan poderoso el que está en contacto con ese oxígeno purificador. ¿El proveedor? Un duende de gorro extraño. Viene con su nena, la nena que vuela sobre el asfalto; cuando se montan en ella, es bastante dócil a decir verdad muy cómoda.
Los seis pies, que ahora son 12 o tal vez más y dos ruedas, han llegado de nuevo a la plaza. Es un lugar humeante, como niebla en invierno, aunque por el contrario con temperatura mucho más elevada. Entre la nube psicodélica aparecen unos pequeños cuadros que parecen marfiles blancos, es una sonrisa como la de Berenice y siente estar por un momento en los zapatos de Poe escribiendo dicha historia... ¿Qué ve ahora? Pero si es un cohete, cuanto humo deja a su paso. Que extraño cohete, va de boca en boca esperando ser lanzado y sin darse cuenta se han consumido su armazón. Su boca, la insolada fue la que más abusó, le arrebató gran parte del combustible.
Otro duende, solo que este no conserva su magia en el gorro como el anterior. Su apariencia es realmente extraña de humor inigualable, ha hecho que labios insolados ahora se abran con desparpajo para esbozar una sonrisa, luego una risa extravagante o mas bien macabra, ha sido plenamente el agente de caos, el propulsor de cada espiral, el pionero de hacer que cada objeto sea atrapado inevitablemente en un agujero negro. Cada horizonte observado, ha de ingresar. Nada se escapa y la risa se hace estruendosa, vertiginosa, crece como elevando la velocidad de un auto hasta el límite, como girando la rueda del infinito y la risa poco a poco en el límite en el temeroso y tenebroso límite, va transformándose. Es un híbrido, un maremágnum de sonidos confusos, el límite de la espiral se ha hecho espantoso. Ya no sabe descifrar si es el centro o la periferia. Las lagrimas también ingresan en ella haciéndose devastadora, y entonces llorar es peor de cruel a reír. Cierra los ojos para perder la imagen, pero el cuerpo se encarga de hacerle sentir la rapidez, como si viajara en caída libre y le esperara en el centro. Escucha una voz preguntándole ¿Hey ... todo bien?Abre los ojos de nuevo y por fortuna observa el rostro de uno de los mosqueteros bastante distorsionado, pero poco a poco vuelve a tomar su forma, la original... Se dice que por fin a salido de la espiral y se queda mirando fijamente el rostro para no caer en ella nuevamente. De repente y solo por un segundo toma la peor de las decisiones, cambiar la dirección de su visión y observar al duende agente de caos, que le ha hecho sucumbir en cada maldito viaje, le hace repetir la escena infinidad de veces. Es demasiado cruel, se ha enfrentado hasta con garras para deshacer cada imagen, pero es inevitable termina viajando a velocidades extrañas una y otra vez, escuchando las mismas palabras y tomando siempre la mala decisión de observar al duende gracioso, al maldito duende gracioso.
Al siguiente día se pregunta si la pluma quería advertirle de semejante fenómeno.
Se tumba sobre el sleeping que hay dentro de la carpa, cierra los ojos, escucha un par de canciones, intenta dormir un poco, pero la piel está lastimada y exige otra dosis de esos refrescantes cristales de sábila que le impregnó la mujer amable. Media hora y ha querido volver a escuchar la algarabía de la noche, que ofrece ese maravilloso lugar. Le pide a sus compañeros de aventuras, salir del letargo y la somnolencia para caminar entre los pequeños tramos de oscuridad. Un último trozo de pan con atún se han llevado a la boca y empieza la aventura.
Llega con sus compañeros mosqueteros a la plaza, con una caja cuyo contenido embriagante es el motor de búsqueda de las experiencias nocturnas. Un par de imágenes para llevar de recuerdo en el álbum de las fantasías perdidas. 6 pies se dirigen a un bar para beber espumeantes cervezas. Luego sale en búsqueda de la combustión, del fuego, siempre se ha dicho que es fuego lo que le mueve las entrañas ¿y el carburador?... ¡Já! vaya que material tan poderoso el que está en contacto con ese oxígeno purificador. ¿El proveedor? Un duende de gorro extraño. Viene con su nena, la nena que vuela sobre el asfalto; cuando se montan en ella, es bastante dócil a decir verdad muy cómoda.
Los seis pies, que ahora son 12 o tal vez más y dos ruedas, han llegado de nuevo a la plaza. Es un lugar humeante, como niebla en invierno, aunque por el contrario con temperatura mucho más elevada. Entre la nube psicodélica aparecen unos pequeños cuadros que parecen marfiles blancos, es una sonrisa como la de Berenice y siente estar por un momento en los zapatos de Poe escribiendo dicha historia... ¿Qué ve ahora? Pero si es un cohete, cuanto humo deja a su paso. Que extraño cohete, va de boca en boca esperando ser lanzado y sin darse cuenta se han consumido su armazón. Su boca, la insolada fue la que más abusó, le arrebató gran parte del combustible.
Otro duende, solo que este no conserva su magia en el gorro como el anterior. Su apariencia es realmente extraña de humor inigualable, ha hecho que labios insolados ahora se abran con desparpajo para esbozar una sonrisa, luego una risa extravagante o mas bien macabra, ha sido plenamente el agente de caos, el propulsor de cada espiral, el pionero de hacer que cada objeto sea atrapado inevitablemente en un agujero negro. Cada horizonte observado, ha de ingresar. Nada se escapa y la risa se hace estruendosa, vertiginosa, crece como elevando la velocidad de un auto hasta el límite, como girando la rueda del infinito y la risa poco a poco en el límite en el temeroso y tenebroso límite, va transformándose. Es un híbrido, un maremágnum de sonidos confusos, el límite de la espiral se ha hecho espantoso. Ya no sabe descifrar si es el centro o la periferia. Las lagrimas también ingresan en ella haciéndose devastadora, y entonces llorar es peor de cruel a reír. Cierra los ojos para perder la imagen, pero el cuerpo se encarga de hacerle sentir la rapidez, como si viajara en caída libre y le esperara en el centro. Escucha una voz preguntándole ¿Hey ... todo bien?Abre los ojos de nuevo y por fortuna observa el rostro de uno de los mosqueteros bastante distorsionado, pero poco a poco vuelve a tomar su forma, la original... Se dice que por fin a salido de la espiral y se queda mirando fijamente el rostro para no caer en ella nuevamente. De repente y solo por un segundo toma la peor de las decisiones, cambiar la dirección de su visión y observar al duende agente de caos, que le ha hecho sucumbir en cada maldito viaje, le hace repetir la escena infinidad de veces. Es demasiado cruel, se ha enfrentado hasta con garras para deshacer cada imagen, pero es inevitable termina viajando a velocidades extrañas una y otra vez, escuchando las mismas palabras y tomando siempre la mala decisión de observar al duende gracioso, al maldito duende gracioso.
Al siguiente día se pregunta si la pluma quería advertirle de semejante fenómeno.


