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jueves, 30 de abril de 2015

SOBRE EL AMOR SIN CONOCERLO

Que se puede amar hasta el cansancio, hasta que los ojos se apaguen de dicha o tristeza. Que quisiera amarte hasta agotar las carnes y desintegrar los huesos, hasta dejar tu nombre en el universo como una galaxia entre miles.

Que se pueden amar tus olores como la mejor droga que transporta los sentidos a otras dimensiones. Que quisiera amarte completa y no a gotas, no por dosis, sino como el BigBang en un segundo de Plank.

Que se pudiera amar hasta los horizontes donde se hace imposible distinguir tu realidad de mis percepciones sobre ella. Que quisiera amarte hasta borrar memorias y aprender de nuevo la dicha de tu presencia.

Que no podría amar, sin odiar la idea de olvidarte, sin odiar la ausencia o la indiferencia, sin odiar la precariedad de unos pensamientos ajenos a los míos.

No podría amarte, sin las violentas formas de mis devenires, sin la contradicción a la que se atribuyen tus actuares con los míos, sin las maravillosas mentiras de unas mágicas palabras pronunciadas bajo el calor de unas sábanas.

No podría amarte sin poner todas mis fuerzas en ello, simulando una lucha hipócrita bajo una mirada silenciosa, con las palabras mudas y el caminar tan lúcido y recto.

Que odiaría pensar en amar, si con ello dejara de lado la locura, si me condujera a contemplar la inmediatez de un momento y no trascender en ello, si perdiera las identidades entre las formas de relación.

Que se puede odiar tus influencias sin afecto, tus caricias sin sentires, tus besos sin emoción, tu cuerpo a mi lado sino lo deseas. Que odiaría una obligada estancia sin la fortaleza de tu querer.

Que amaría y odiaría con los enigmas intrínsecos de mi ser, con la dualidad de Jekyll y Mr. Hyde, con la bondad y la ira, con la valentía con la que se presume amar y la cobardía que te impregna el miedo a ser olvidado.

Que odiaría y amaría, ignorando intencional o subconscientemente sus implicaciones, sus adorables y nefastas consecuencias, porque entre elegir el abandono, me mantendría al pie del cañón, con el corazón hinchado dispuesta a sentir y vivir.

Sobre el amor, un concepto que bien pudiera conocer o no.

MARYU.


domingo, 19 de abril de 2015

MITOMANÍA DE IDEAS

De mitomanía sufren mis ideas, aunque bien pudieran considerarse libres para mofarse del mundo, o tal vez lo contrario, una celda de percepciones construyendo y destruyendo permanentemente falacias. De abstracciones, unas asquerosamente reconocidas y otras no tanto, está hecha la imaginación de un soñador que fabrica ilusorias formas para subsistir, para soportar su propia existencia y la de otros.

Engañar los pensamientos a partir de ellos mismos, para escapar de los propios esquemas elaborados conscientemente ¿cómo podría? ¿Cómo escapar de las creaciones tan afanosamente construidas en cada uno de nosotros, cuando ellas vienen y van adquiriendo nuevas formas, utilizando máscaras? He de acudir a la mitomanía de ideas, a modos indefinidos, al pinocho descarado y noble. De lo contrario sería una masa tan subsecuentemente descrita y obrada, que resultaría repulsivamente insoportable, tanto así, como para el que no logra reconocer las acentuadas características físicas y mentales de su individuo. Si es posible, gustaría de aprender lo que no existe,  lo que nadie ha imaginado y desaprenderlo pronto, sufrir en cada olvido y alegrarse por haberse deshecho de la aprehensión. 


sábado, 4 de abril de 2015

En Manos de Frankenstein

Como un manifiesto hacia la depresión, dejaste abatir mente y cuerpo. Sin las fuerzas necesarias para ordenar ideas claramente y dejarse arrastrar por los pensamientos mas profundos y perversos. Una tarde de Lunes, con la disposición de hundir cada ilusión y permitir la entrada a lo más triste y miserable, para contaminar, hacer metástasis y luego, con el ego inflado sentirse el más desafortunado, un vagabundo con las razones incomprendidas, hechas añicos. Pero como siempre, apareciste para burlarte de la condición, para reírte afanosamente, dar la mano y seguirte mofando de mi, de ti, de la vida, del mundo, como aquella vez que acudiste al par de luces.

Una mano que condujo como a la superficie de un cuerpo de agua. Una salida que permitió respirar, tomar una bocanada de oxígeno y caminar, siguiendo pasos inconformes, pisadas desordenadas sin dirección alguna, pero con la marcada intención y la necesidad de sobrevivir. Unas notas musicales después, para hacer evidente la tragedia que has montado. Un dulce sabor a vino, el sabor de la confusión. Una noche de Lunes con las palabras llevaderas, con la decepcionante percepción de ser un salvaje optimista al que la fantasía juega a las escondidas. Y finalmente como estocada final, me dejaste en manos de Frankenstein, el más desdichado de los hombres. 

Tuvo que pasar una semana de ayuno de sueño, alimento y tranquilidad, imaginando frío, miserablesa, para comprender que nunca es suficiente. Que unas palabras convertidas en manos, te pueden servir de salvavidas y a la vez de verdugo. Bajo la influencia de Frankenstein, nada podría ser mas dual.