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sábado, 4 de abril de 2015

En Manos de Frankenstein

Como un manifiesto hacia la depresión, dejaste abatir mente y cuerpo. Sin las fuerzas necesarias para ordenar ideas claramente y dejarse arrastrar por los pensamientos mas profundos y perversos. Una tarde de Lunes, con la disposición de hundir cada ilusión y permitir la entrada a lo más triste y miserable, para contaminar, hacer metástasis y luego, con el ego inflado sentirse el más desafortunado, un vagabundo con las razones incomprendidas, hechas añicos. Pero como siempre, apareciste para burlarte de la condición, para reírte afanosamente, dar la mano y seguirte mofando de mi, de ti, de la vida, del mundo, como aquella vez que acudiste al par de luces.

Una mano que condujo como a la superficie de un cuerpo de agua. Una salida que permitió respirar, tomar una bocanada de oxígeno y caminar, siguiendo pasos inconformes, pisadas desordenadas sin dirección alguna, pero con la marcada intención y la necesidad de sobrevivir. Unas notas musicales después, para hacer evidente la tragedia que has montado. Un dulce sabor a vino, el sabor de la confusión. Una noche de Lunes con las palabras llevaderas, con la decepcionante percepción de ser un salvaje optimista al que la fantasía juega a las escondidas. Y finalmente como estocada final, me dejaste en manos de Frankenstein, el más desdichado de los hombres. 

Tuvo que pasar una semana de ayuno de sueño, alimento y tranquilidad, imaginando frío, miserablesa, para comprender que nunca es suficiente. Que unas palabras convertidas en manos, te pueden servir de salvavidas y a la vez de verdugo. Bajo la influencia de Frankenstein, nada podría ser mas dual.  

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