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lunes, 23 de marzo de 2015

ROJO, FUCCIA Y AL FINAL GRIS

Fueron sueños de color rojo envueltos en fuccia, para desafiar lo pálido de la noche. Era el rojo de la sangre, el que te mueve. El fuccia sin embargo, tenía otra pretensión, fabricar sonrisas, concentrar tus ojos, elevar tu mente hasta imaginarte libre. Pero no juegues mujer con los sueños, no involucres a otros, que cada quien tiene los suyos y otros prefieren colores distintos. Imaginaste un rojo envolviendo cuerpos, tejiendo olores y texturas, entregandose al Abismo. ¿Qué hubo detrás del rojo? Nada, un sombrío y debil gris, ese que se lleva los sueños, las ganas que habías puesto de manifiesto, la osadía de atreverse a soñar sobre las pasiones. Te dibujaste además los gatos, que se fueron disolviendo con la amargura de un medicamento en el estómago y ahí se quedó la sensación, con un leve dolor para que no olvides.

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