Porque el rojo me envuelve de locura las noches como tus brazos, porque al lado tuyo y siguiendo ese andar es impredecible saber donde estaré a la luz del día. Bajo qué efectos y los ojos extraños. Mírame y obsérvate. Esa expresión tuya y mía son contrarias, pero no ajenas. Piensa y dime ¿por qué me sujetas de esa manera? Parecen los ojos del Dorian Gray de otros relatos, con la confianza extrema para pensar que solo el retrato sufrirá los estragos, pero ¿Qué hay de mi? Me queda más fácil adivinar tu rostro que el mío. No entiendo mi postura y no recuerdo ¿por qué ese gesto? Parece que en mi no hay pretensiones, pero y ¿si es al contrario? De cualquier manera no hay víctima, este es el preludio de momentos que suenan a Blues y saben a Tequila.



