La Banda del Santa Bárbara, de la que no querrá mi memoria remover recuerdos, ni siquiera aquellos de los días grises y oscuros en cada uno de ellos. De un baile frustrado por acuerdos no logrados, una nutela con sabor agridulce por discusiones inútiles, o un par de golpes a la pared, porque lo del amor por ese día para él no fue, mejor hubiese sido, esconder el celular de un calvo y darlo por perdido.
Un moñito vi a su antojo recorrer pasillos, sobre cabellos largos a veces tejido. Unas curvas bambolearse, al mando de unos labios rojos, vivos, coquetos y emancipados, Una palidez no tan simple, sus carcajadas le da matices. Como no, una sonrisa franca, frente a esa columna blanca donde se sentaba, de seguro para observar los rizos de quien sujeta ahora su mano y unos besos compartidos ¿se los dará en un rinconcito? como ese que vio el brillo de unos azules ojos, con un tic vibrante y palabras prudentes... ¡Debería yo aprenderle! El rincón de los enmascarados, silenciosos pero sabios; grandes claro está y en eso Tilas no me desmentirá.
La Banda del Santa Bárbara, la que veía a la entrada de la sala saludar a cada profe con humor fino y elegante, llegaba siempre el moreno impecable mostrando el diente o más bien los brackets.
Nunca, nos hizo falta un felino, el Gato era cuestión de estilo, y aunque una época negra tuvo, bueno ¡es un Gato! y sabe saltar tejados, y rodar pelotas, pero en ello hay un crack que le deja los bigotes encerados, hace chilenas, tijeretas, bicicleta y sombrerito, confiando en su parcerito al que vi fiel en el arco entre risas y gritos... Ah, y en su novia, la mona que le recompensa con un piquito.
La Banda del Santa Bárbara, donde hay ojos amarillos y el ingenio suficiente, para hacer robots y mostrarlos a la gente. ¿Dónde está el ensayo y los atrapasueños profe? de esos también hay y no me quejo. La banda trenzuda, nunca vi tantos cabellos cruzados y extensos, ¿qué hay de mi? se me dio por cortarlo, ¡bueno! será culpar a María, es terrible, siempre se lo decía y ella tan solo sonreía; por otro lado si de organización se tratase, el asunto tenía pinta de matriarcado, pues lo que había sido planeado sin ser consultado de seguro sería fracaso, desde la flaca, la gritona, la callada y la más peliona, querían ser escuchadas. La voces de la Banda, que empezaron a tocar en cierto momento de nuestras vidas.
"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos" Julio Cortázar.



