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domingo, 17 de marzo de 2013

ALGO PASA LOS DOMINGOS



Siempre tengo pesadillas los domingos en las tardes, cuando me quedo en casa a descansar. El de hoy fue el mismo, siempre despertaba y cada que mis ojos se cerraban volvía a pasar, nuevamente la misma historia en esencia, el mismo fenómeno, y aunque consciente de que era un sueño, cuanto me costaba despertar cada vez.

El sueño era el siguiente. Mi casa quedaba al lado de una roca, una roca que cada que observaba se abría unos pequeños milímetros y de ella brotaba una espuma y un gas caliente, para cuando me acercaba a la piedra se incrementaba la temperatura y sentía la energía ascendiendo debajo de mis pies, y yo con toda la preocupación y angustia corría por las calles, me introducía en la escuela y a los profesores les gritaba que había que huir, que un volcán estaba a punto de erosionar, explotar, que sería de nosotros papilla, solo carbón  si nos quedábamos. Todos me miraban con preocupación pero igual continuaban como si nada y entonces mi impotencia se hacía cada vez mayor, que me daban unas ganas impresionantes de llorar.

Volvía en dos zancadas a mi casa y observaba que la grieta era ya un agujero de color naranja intenso casi rojizo del cual salían gases de todos los colores que iba ya tragándose mi casa, un fotógrafo seguramente hubiera preferido ser tragado en lugar de perderse semejante espectáculo y no capturarlo,  y entonces cogía a mi madre de un brazo y a mi hermana del otro, huyendo del hoyo que se acrecentaba a una velocidad impresionante. Corríamos juntas por las calles gritando lo que se avecinaba, pero veíamos como todo desaparecía a nuestras espaldas, la temperatura se hacía mayor, las gotas de sudor caían de nuestras frentes y nos sentíamos al límite del agujero, a menos de un centímetro de ser devoradas y corríamos con mayor ímpetu. Por fortuna despertaba o no se sé si lo hacía eso creía y me encontraba 30 segundos mas tarde de nuevo huyendo del agujero, a veces sola, a veces junto con unos niños que llevaba de las manos y pensaba de nuevo el mismo sueño, pero no podía dejar de correr.

Que extraños suenos, a decir verdad no era propiamente un volcán.

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