¿Vas a darme un discurso moral sobre la desesperación? pero ¿cómo? si te veo con las manos agitadas de lado a lado, con la respiración alterada, con la mirada alborotada, con el aliento perderse en cada segundo, con las lágrimas a medio brotar en tus ojos, con los dientes pegados, con los labios resecos, con la voluntad quebrada, con el espanto en tu rostro, con la sangre prisionera, con la fortaleza hecha añicos, con el dolor hundiéndose, con la fatiga en tu cuerpo.
No quieras advertirme, cuando tus músculos tiemblan y el miedo parece tu amo. No me hables de la desesperación, porque me desespera observarte, me repugna, hueles a llanto, a prisa, a pies quebrados, a lucha perdida, a cansancio, a burla, a humillación, a pasado horroroso y a futuro infructuoso.
No seas tan hipócrita, no me hables de la desesperación, porque cuando abres la boca, es ella quien se expresa. Ilógica, irracional, mentirosa y devastadora... Daré la vuelta y me alejaré, el espejo me asusta.




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