Un día observé una imponente sonrisa con un par de comillas a cada lado de sus mejillas; llevaba consigo regalos para envolver en papel especial. Llegó y con desparpajo saludó, abrazó, alzó dos o tres niños, tomó algunas fotos y compartió con inmensa alegría la dicha de ser solidario, simplemente humano. Fue la primera vez que mis miopes ojos, escondidos tras un par de gastados lentes le vieron ¡qué dicha esa conspiración del cosmos! En el infinito mundo de las posibilidades se me ha atravesado un guapo moreno con el corazón dispuesto a vivir, sentir y explorar. Un espíritu libre, depredador de mundos, en el buen sentido de la palabra. Un bohemio amante del alcohol, el punk, el amor, la lucha y la revolución. Un anárquico emocional que rueda cada sueño y se los fabrica con sus fuertes piernas que son potentes motores... Es solo un hombre claro está, con maravillosas contradicciones, todo un cómplice sexual, con el que se puede atravesar una noche cualquiera en el lugar menos esperado. Todo un alucinado, del que la locura echó mano incluso décadas antes de su nacimiento, mientras el humo le acompañaba; y es que a veces parece humo, volátil y cinético, pero mejor que sea cómo el oxígeno vital y purificador. Lo imaginaría que si fuese ácido la música le envolvería los movimientos, hasta convertirle las pupilas en inmensos y dimensionales agujeros negros; que allí me brindara un par de besos, de esos que alimentan un que otro demonio, un par de esos que ya conocemos.



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