Porsupuesto que amé, nadie puede atreverse a contradecir. Nadie sintió en mi lugar la emoción de cada beso, las pacientes o desmedidas caricias de la ambivalencia con la que trascendía mi andar. De seguro amé; perdí el apetito. Fue un amor a dieta, bajo en grasa y alta dosis de presión. No fue un amor pasivo, me deshizo la tranquilidad, molió, trituró y destripó, pero fue amor. Un amor vertiginoso; un holocausto amor, con cámara de gas a bordo, como Judía haciéndole ojos al Führer o danzando en un campo de minas. Desde luego que amé; fue la época del no sé qué tipo de amor.



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