Un Diente de León cae lentamente por el rozamiento del viento, cuando parece tocar el suelo, otra corriente de aire se encarga de levantarle en movimientos ondulatorios, parece montaña rusa. Nunca le he visto en el suelo, pero tampoco dejar de oscilar en el ambiente. La pluma tarde o temprano termina en la superficie terrestre, cualquier soplo puede hacerla volar de nuevo, pero terminará inevitablemente en el piso, o en el agua como naufraga.
En el sistema somos como plumas sueltas, de esas que ya no vuelan en conjunto, de las que se han desprendido del cuerpo pero que el señor viento se las lleva consigo hacia el abismo. El que te da pequeños visos de ilusión, te sube en pequeños movimientos de adrenalina, pero te desciende dejándote el vacío en cada barba. Hoy soy pluma, la solitaria pluma que consume el viento, que la lleva entre remolinos para dejarla hundida, o sin nada en las barbillas. Algún día fui una, entre muchas con grandes deseos de volar hacia un mismo objetivo, pero esta la de hoy la individualista se ha consumido y desea al menos ser un Diente de León que no ha de caer tan fácilmente en el fondo.




No hay comentarios:
Publicar un comentario