No esta noche, lárgate al fuego que te mueve las entrañas. La llama que habías prendido aquí, la apagaste con movimientos bruscos, torpes y asquerosos de tus manos que venían encendidas de otro fuego. Me creíste tan estúpida para cerrar mis ojos, dormir la bestia y dejar que regocijaras tu deseo sobre mi cuerpo. Búscalo allá, no acá. Se me ha cerrado la piel para ti, la que siempre había estado dispuesta. Se ha vuelto áspera a tu contacto, cada bello es una aguja... aparta maldito que destilo veneno y hoy quiero hacerlo, me libera de ti, del perfume que se ha posado en mi memoria el que no puedo olvidar.
Las manos depredadoras están al acecho como una inyección de desprecio, pero esta vez el coraje me ha dado para dar la espalda y no volver, para levantarme e irme lejos, para una mañana (como siempre mis asquerosas mañanas) no llorar, pero si correr para alejarme de ti.



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