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viernes, 12 de septiembre de 2014

QUISIERA

- ¿Ya tienes la colección de juguetes de Gokú?
- No, me hace falta el muñeco de super sayayin fase cuatro.
- Hay parcerito, ¿en qué estamos? Debe conseguirlo

Yo también quisiera pensar en mi muñeca, una de trapos que me obsequiaron cuando tenía cinco años y que permaneció hasta el momento en que mi hermana siendo pequeña jugó tanto con ella que termino acabándola. Quisiera pensar solo en el árbol de mandarina, que esperaba por mi cada tarde para que trepara sus ramas y convertirlo en un escenario, restaurante, almacén de ropa, casa, hospital o lo que demandaran mis ánimos. 

Quisiera solo ir al chorro, como mis padres lo llamaban, a ese lugar donde el agua era fresca en temporadas de verano intenso, aunque con miedo que una serpiente violeta con cresta amarilla volviera a salir en la inmensa piedra para mostrarme su lengua y huir por lo güaduales, como lo había hecho antes.

Quisiera jugar con Travesuras, montar en Carramplon, discutir solo debajo de lo naranjos lo que a una niña de cinco o seis años le compete. Quisiera solo preocuparme por la última colección de estampitas  de una serie de ánime. Eliminar de mi cabeza toda la mierda  que se adquiere cuando crecemos y empezamos a darnos cuenta que la realidad pesa demasiado, que los sueños van siendo moldeados, hasta que terminamos deseando algo que jamás había pasado por nuestras mentes.

Quisiera levantarme e imaginar que haré para divertirme, si jugar al escondite, la lleva, si agarrar mi pelota e ir dando saltos en el jardín o  bajar mangos, guanábanas, mandarinas o naranjas para devorarlas. 

Pero hoy quisiera no levantarme, oír la alarma de ese aparato enfermo y estrellarlo como lo he hecho en otras oportunidades,  decirle al mundo  que no puede juzgarme porque su patología es peor o igual a la mía. Escupirle a la vida en la cara y gritarle que no puede ser mas falsa,  hipócrita, insulsa y vana, porque cada tarde solo quisiera posar mi cuerpo en una cama y hundirme entre las sábanas, hasta posiblemente ahogarme, porque aunque soy consciente que daña no quiero cambiar.

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