Están escasas la tinta y las ideas. Se abandonó y se expropió del yo, de ese yo. Se alejó tanto que regresar es imposible, eso que había vaciado en algún momento se llenó de incertidumbre y pensamientos en movimientos remolinados.
Se abandonó y abandonó a otros, para sentir que nada la atrapaba, pero cuando se dio cuenta, había sido un acto estúpido, porque estaba mas atada que nunca, entonces por abandonarse perdió todo y regresar el yo, sería como intentar recuperar las huellas que se dejan en la arena a la orilla del mar.
Deseó lanzarse al vacío, ese maravilloso vacío que extiende los brazos para que estés seguro de lanzarte y sonrías mientras caes, y de repente, le hallas la sonrisa de Berenice, con la forma de unos dientes perfectos pero macabros, de cementerio y te das cuenta entonces que no es tan inocente y liberador, que te atrae con su fuerza de gravedad, que no hay mas que te espere, algo que parece fin, pero que no lo es.
No lo es, porque has decidido caminar como un zombie sin consciencia, o mas bien consciente pero cobarde, o un cobarde con coraje. Te abandonaste para creer que te encontrabas y extraviaste el camino. Descubriste otro yo, otro de los tantos que aparecen de vez en cuando, para abrirte los ojos, tanto que te da terror.
Te abandonaste y no lograste hacerlo, o pensaste que no lo habías logrado, quisiste devolver los pasos y se había acabado el espacio, decidiste continuar para alivianar cargas, para dejar cada trozo de su persona, como migajas que trazan un sendero. Te abandonaste y no lo hiciste, porque entre cada abandono aparece el yo de ojos grandes y sonrisa amplia burlándose de tu lucha, poniéndote en ridículo, convirtiéndote en bufón, el bufón de la vida.



No hay comentarios:
Publicar un comentario