No podré organizar palabras como se deshace la noche. Una palabra escrita al vacío, lanzada por azar hacia el abismo es una miserable desdicha. Una "a" acompañada de otras letras, que van con el soplar de un viento huracanado, sin brújula ni estribor. Un río de silabas conectadas por capricho, tropezando circunstancialmente con el destino. Palabras, pusilánimes y maravillosas, diferenciadas solo por la intención. Universo de ellas, para quedarse con las mismas, para ser configuradas indistintas en múltiples espacios, formas y cualidades. Un beso de palabras que bien podría arrancar los labios, envenenarlos o purificarlos. Palabras hechas de todo material y propósito, fabricadas con piel y sangre, de lágrimas y vida, de falacias y mentiras. Palabras que van como pelotas elásticas, extraídas de bocas sin pudor o palabras como claves de sol, llenas de emoción, claras, plenas, dolorosas, sinceras. Mutantes y seductoras, aberrantes y hostiles, de todas solo dime las verdaderas.



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