A la izquierda de la foto, una amante a los BTS que sueña con ir a Korea para verlos, extrovertida, dice las cosas de manera espontánea, no le echa tanta mente al asunto como hacemos los adultos para expresar cualquier idea u opinión. Tiene una sonrisa maravillosa aunque le falten dos de sus dientes frontales. Es la prima loquita, así le digo yo.
Vive con sus abuelos en una parcela, pues como sucede con muchos de nuestros antepasados campesinos, han buscado siempre la forma de llevar el campo a donde vayan, como lo hace mi abuela, que a sus 95 años aún cría piscos y gallinas en el patio para brindar alimento y atención a quién vaya a casa. Así que se pasa los días espiando en el gallinero, husmeando si las gallinas pusieron sus huevos para recolectarlos, o acompañando a su padre o abuelo alimentar los peces en los lagos, también visita los patos y a veces va a recoger frutas. En las noches cuando está con su padre, aprovecha que él le presta su celular para hacer videos, ya que le encantan y escucha a su grupo de música favorito. Aunque lleva unos pocos años de existencia, estoy segura que su imaginación es todo un universo, quizás más amplio que el nuestro.
Del lado derecho, el único voto liberal de Santuario Caquetá . A Jesusa como le gusta que la llamen, o María Jesús le cautivan las flores, su vestimenta lo evidencia. No puede hacer visita sin algún presente, en este caso pude ver en la bolsa pan y algo de carne, no logré identificar el resto, pero de seguro traía más. No se permiten llegar con las manos vacías, es una tradición maravillosa que conservan nuestros mayores. A veces me avergüenzo un poco de no aplicarla juiciosamente como ellos lo hacen.
La profe Jesusa, tiene 85 años, pensionada del magisterio, hizo parte de la formación de mi padre y la mayoría de sus hermanos y hermanas, es decir mis tíos y tías. Estuvo en la Escuela de la Vereda Iglesias Altas del Municipio de La Montañita Caquetá, el mismo lugar en el que hice la primaria y del cual nos desplazaron, luego se fue para Santuario Caquetá, donde estuvo 3 meses y después la trasladaron por su ideología política; también pasó por la Vereda de La Tagua dónde ella misma tuvo que hacerse cargo con la gente de la región de la construcción de la escuela, en el mismo municipio, y terminó sus labores oficialmente en la Ciudad de Florencia. Cuando dejó de ejercer en la escuela ofrecía ayuda a niños que necesitaban refuerzo desde su casa.
Escucharla narrar cómo incidió en la votación de un pueblo ultraconservador, es un tesoro. Afirmaba que el día de elecciones lucía su vestido rojo con orgullo y sin miedo, en su rostro puede leerse esa valentía. Fué una profe con mano dura, ella misma lo dice y quiénes fueron sus estudiantes así lo confirman. Yo vi una mujer hecha bondad con mucho por contar y con infinita alegría de poder rememorar. La escuché y ella me escuchó.
Las palabras compartidas entre ella, mi familia y yo ese maravilloso día, me hicieron pensar sobre la importancia del diálogo, de una conversación, porque es a través del otro que nos reconocemos. No somos solo nosotros y el mundo, somos nosotros con los demás en el mundo. A través de mi relato tuvieron noticias del estado actual de esa tierra tan querida por todos, debido a una caminata relampago que hice por el terreno, pero gracias a sus relatos pude reconocer y entender un poco más, muchas dinámicas y sucesos acontecidos que hacen parte de mí, de Colombia. Oí algunos apellidos como Lazo, Santofimio, Varón, Cuellar, Sánchez, Chaux, López, entre otros, antes indiferentes para mí, porque en la niñez no podía dimensionar todo esto y ahora toman sentido, ya que todos habitamos en algún momento ese lugar.
En la mitad de la foto otra profe, que anda descubriendo, recordando y reencontrando el valor de la historia para comprender quién es, quién soy.




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