Fuente: Dreamstime
Una
pluma que se llenó de tinta porque no vaciaba una sola palabra.
Miró a papel,
de hecho a varias hojas de papel y más de una hizo ojitos.
Pluma
fue depositando de a gotas de tinta en cada hoja.
En la primera
hoja, desperdició bastante de su pluma,
pero esta
recibía de otras plumas, como agujero que consume por su gravedad.
Cuando pluma
percibió que la tinta derramada no tradujo nada, se marchó.
Decepcionada
fue lanzando su contenido en cualquier papel,
y ellos eran
depredadores de tinta, y poco a poco se iba acabando, sin notarlo.
Depronto
apareció una hoja de papel fabulosa, y entonces trazarla, dejar a chorros
su líquido le hacía muy feliz.
Aunque esas
gotas de tinta nunca dibujaron letras que traducían palabras, solo cuerpos
desnudos.
Pero esta
hoja al parecer era como la primera.
Una hoja
indiferente, que con el tiempo le importó menos si pluma seguía dibujando en
ella.
Ni los
cuerpos, ni unas manos, nada.
Y ahora ¿qué
rayos le pasa a pluma? no quiere rayar otra página que no sea esa,
y esta vez
quiere escribir palabras, palabras que no ha escrito antes.
Quiere
hacerlo con afán y está dispuesta a escribir sobre la hoja rayada o sobre otra
tinta que haya sido depositada. ¡No importa!
Pluma quiere
sentir trazar palabras, posee miedo, el equivalente a su fuerza y a su deseo de
escribir.
Se piensa si
ese papel, amará las frases que salgan de su interior.
Pluma ha
esperado mucho para trazarlas en un papel que le haga moverse como nunca, a la
velocidad de su sentir y esta hoja de papel le hace sentir como flujo de
electrones a través de la luz.
Pluma corre y
cuando está a punto de llegar a una de las esquinas de papel, teme al menos
dibujar ya.
La hoja de
papel ya no muestra interés, y una gota de tinta se hace manojos esperando una
mínima oportunidad.




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