El azul seguía caprichoso en mi mente, se resistía al abandono. Tengo el rojo en mi mano, en una escritura cuyas ideas
constantemente vienen del pasado. Aunque quizás, son un ahora, un sin tiempo. – ¡Adivina
amiga! - el rojo sigue tentando esta errática forma de escritura, que es un
presente, lleno de recuerdos, en el que se comprende que, para conocer a otro
está el maravilloso ejercicio de la lectura, y vaya que para leer no necesitas
siempre de un libro, pueden bastar unos sonidos, unas imágenes, un caminar,
vivir.
Este texto va a no sé cuántos ritmos. Debo admitir
que, sentarme en una mesa a escribir, dejando de lado la cama que me quiere
consumir y pensar en ti, bruja guerrera al rescate, es un alivio. Me levanto, para adquirir
una postura que había abandonado bastante.
Lectura y escritura ¿Cuál de las dos va primero?
Gracias a ambas, esta bruja pudo hechizar a unos jóvenes estudiantes, que
habían empezado a conocerla, la habían leído; por lo tanto, habían entramado en
sus pensamientos.
Hasta ahora confieso que (unos ahora que deben ser
escritos), no fueron pocas las veces que los chicos me preguntaron sobre la
relación del lobo con la bipolaridad y la depresión de Antonio, las locas e
innumerables formas de suicidio para llegar a 101, e incluso los debates sobre
cuáles eran las Maras y Susanas en esta sociedad, tan distintas, tan ellas.
El día que estuviste en el Santa Bárbara (un lugar que
me ha visto ser tantas formas), fuiste testigo con o sin intensión. - ¿de qué? - Recuerdo ver cómo hablaban contigo. Tengo en mi cuarto
una fotografía de todos, Ingrid, Carolina, los chicos, tú y yo. Me asalta la
escena de una linda morena con sus sagaces preguntas, dos morenos más en una
esquina levantando ambos la mano para preguntar primero, felices, realmente
felices y con tu libro en la mano. Pusiste a todos mensajes distintos en la
portada de tus libros, o sus libros. Arley, me gusta tu corte. Hollman, por un
nombre de gran hombre. Stephanie, por tu curioso mundo, por tu mente inquieta. A
Carlos, futuro gran lector. A Jorge, por más de un carnero en tu imaginación.
Hamilton por tu alegría - ¡Rayos, chispas! - qué buena escritora eres, pero qué
buena lectura tienes, tu lectura es magia, ¿qué sería de ti sin la escritura?
De seguro otra Claudia. Ese mismo día recibí de obsequio una gata negra con
blanco cuyo nombre es Mara, me la dio un estudiante que también rueda en bici.
No te imaginas. El azul no desiste. Mientras hago una
pausa para poner música y empezar a releer el escrito producto de haberme
sentado. Eché mano del color cielo sin nubes en día de verano, de manera
inconsciente, lejos de todo plan. Puse unos números para reorganizar ideas y
volví al rojo.
Llevo en mi pecho el ángel que no renuncia, se ha
propuesto acompañarme en momentos difíciles. Observó un par de veces que saludé el piso de cara, luego de soltar dos ruedas, colgado, trepado anduvo y anda con
sus bellas alas. Está en una cadena blanca de plata que me obsequió Carmen, una
hermosa estudiante que, para demostrar a su hijo que era posible estudiar, se
matriculó con él.
Entiendo el capricho de bruja, tejiendo las palabras.



Es un orgullo ser tu amiga.
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