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miércoles, 25 de marzo de 2020

TEJIENDO MAGIAS

El azul estaba sentado en la mesa y pensé en escribir con ese color antes de coger la libreta. Llegaste a mi pensamiento dejando caer este loco tejido de palabras en un papel blanco, en cuyo respaldo se había teñido con rojo, como el color de la sangre. Se me atravesó tu imagen luego de leer un escrito de despedida, acompañado por un inexplicable impulso de hilar mis reflexiones sobre ti, aunque tal vez sea más sobre mí, o quizás de ambas. Quise retirar el esfero rojo que posaba en la página del día anterior, porque deseo escribir con muchos colores… ¿el rojo? - ¡si, el rojo! – apareció de nuevo y siguió siendo tú. El de una bella bruja que obsequia duendes, piedras o un maravilloso digen de oro, metal de un leo por su fuerza y color, entregado para la protección, después de un nefasto sueño.


El azul seguía caprichoso en mi mente, se resistía al abandono. Tengo el rojo en mi mano, en una escritura cuyas ideas constantemente vienen del pasado. Aunque quizás, son un ahora, un sin tiempo. – ¡Adivina amiga! - el rojo sigue tentando esta errática forma de escritura, que es un presente, lleno de recuerdos, en el que se comprende que, para conocer a otro está el maravilloso ejercicio de la lectura, y vaya que para leer no necesitas siempre de un libro, pueden bastar unos sonidos, unas imágenes, un caminar, vivir.


Este texto va a no sé cuántos ritmos. Debo admitir que, sentarme en una mesa a escribir, dejando de lado la cama que me quiere consumir y pensar en ti, bruja guerrera al rescate, es un alivio. Me levanto, para adquirir una postura que había abandonado bastante.


Lectura y escritura ¿Cuál de las dos va primero? Gracias a ambas, esta bruja pudo hechizar a unos jóvenes estudiantes, que habían empezado a conocerla, la habían leído; por lo tanto, habían entramado en sus pensamientos.


Hasta ahora confieso que (unos ahora que deben ser escritos), no fueron pocas las veces que los chicos me preguntaron sobre la relación del lobo con la bipolaridad y la depresión de Antonio, las locas e innumerables formas de suicidio para llegar a 101, e incluso los debates sobre cuáles eran las Maras y Susanas en esta sociedad, tan distintas, tan ellas.


El día que estuviste en el Santa Bárbara (un lugar que me ha visto ser tantas formas), fuiste testigo  con o sin intensión. - ¿de qué? -  Recuerdo ver cómo hablaban contigo. Tengo en mi cuarto una fotografía de todos, Ingrid, Carolina, los chicos, tú y yo. Me asalta la escena de una linda morena con sus sagaces preguntas, dos morenos más en una esquina levantando ambos la mano para preguntar primero, felices, realmente felices y con tu libro en la mano. Pusiste a todos mensajes distintos en la portada de tus libros, o sus libros. Arley, me gusta tu corte. Hollman, por un nombre de gran hombre. Stephanie, por tu curioso mundo, por tu mente inquieta.  A Carlos, futuro gran lector. A Jorge, por más de un carnero en tu imaginación. Hamilton por tu alegría - ¡Rayos, chispas! - qué buena escritora eres, pero qué buena lectura tienes, tu lectura es magia, ¿qué sería de ti sin la escritura? De seguro otra Claudia. Ese mismo día recibí de obsequio una gata negra con blanco cuyo nombre es Mara, me la dio un estudiante que también rueda en bici.


No te imaginas. El azul no desiste. Mientras hago una pausa para poner música y empezar a releer el escrito producto de haberme sentado. Eché mano del color cielo sin nubes en día de verano, de manera inconsciente, lejos de todo plan. Puse unos números para reorganizar ideas y volví al rojo.


Llevo en mi pecho el ángel que no renuncia, se ha propuesto acompañarme en momentos difíciles. Observó un par de veces que saludé el piso de cara, luego de soltar dos ruedas, colgado, trepado anduvo y anda con sus bellas alas. Está en una cadena blanca de plata que me obsequió Carmen, una hermosa estudiante que, para demostrar a su hijo que era posible estudiar, se matriculó con él.


Entiendo el capricho de bruja, tejiendo las palabras.



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